Enrique Núñez nos habla sobre la deflagración en el ducto de Camisea y los problemas que enfrenta la región Cusco. Postula al Senado con Perú Primero
¿Cuál es la situación tras la deflagración en el ducto de Camisea?
Tal es el hermetismo, que la empresa que lleva el gas ha evitado que el fiscal correspondiente pueda ir a ver por qué se dio la deflagración. Vivimos en una inseguridad tremenda. Las zonas donde están Camisea y los gasoductos son selváticas. Si las alteramos, creamos un caos medioambiental.
Hace mucho tiempo pedimos la Planta de Fraccionamiento de Kepashiato para ver de otra manera la transformación del gas. El centralismo ha hecho que solo tengamos un conducto para llevarlo a la planta de Pisco. Debido a un capricho, estamos sin GNV y GLP. Nuestras propuestas no han sido escuchadas.
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¿Ha habido incidentes similares antes?
No es la primera vez. Si hacemos una encuesta entre la población que vive cerca al tramo afectado, te comentarán que siempre tiembla la tierra, que hay movimientos. Se está afectando el ecosistema y el modus vivendi de las comunidades. Lamentablemente nadie hace caso a las quejas de la población de Megantoni. Amparándose en los contratos ley, las grandes empresas hacen lo que desean.
¿Y cómo está el turismo?
Hay un gran problema: el desorden. No solo en el turismo de visita a los centros arqueológicos, sino también en el vivencial y el de aventura. Para ordenar el sistema turístico, planteamos un megaproyecto que abarque desde el límite con Puno hasta el VRAEM.
Necesitamos una Autoridad Autónoma con gente de Cusco y no de Lima, que no conoce nuestra realidad. Este proyecto también implica al túnel La Verónica, la carretera de penetración al VRAEM y el tan anhelado Aeropuerto de Chincheros. Debe haber un trabajo interregional con mesas de articulación para unir proyectos entre Cusco, Apurímac, Arequipa y Puno. No toda la vida vamos a vivir de Camisea.
¿Qué otros problemas enfrenta la región?
Luego del turismo, la salud. Tenemos paralizados centros de salud y hospitales como el de Quillabamba, el Hospital Antonio Lorena y el Hospital de Espinar. ¿Por qué? Por decisión política. Existe el presupuesto para que esto se puede ejecutar. En cuanto a educación, no hay una relación directa entre el Ministerio de Educación y las direcciones regionales. No trabajan de forma mancomunada.
Finalmente, otro gran problema es la corrupción enquistada en las instituciones. Proponemos que ya no existan los cargos de confianza. Esos cargos claves para el desarrollo a los que postulan personas que no tienen las condiciones. Debemos reglamentar mejor eso. Todo debe ser en base a la meritocracia.
¿Cómo se resuelven estos problemas desde el Senado?
Tenemos que hacer un análisis de impacto regulatorio de toda ley que venga de la Cámara de Diputados, ver si esas leyes tienen sostenibilidad fiscal. Los senadores tienen que realizar una auditoría de todos los decretos de emergencia, que amparan compras indiscriminadas y revisar los tratados internacionales para que nuestras pymes tengan como mínimo asistencia técnica.
Otra cosa de la que se habla es que los senadores elegirán a altos funcionares. Debemos poder ver de manera abierta las hojas de vida de los candidatos a distintos cargos. Además, deben someterse a un examen de competencias técnicas. Así, evitaríamos favores políticos.
Entrevista publicada a Diario Nuevo Sol el 11 de marzo de 2026


