Edilberto Jiménez: “No estamos aptos para ver obras que nacen en un conflicto”

El retablista y antropólogo Edilberto Jiménez nos explica su forma de entender el arte y como éste se relaciona con la sociedad. Ha realizado trabajos sobre la violencia política de los ochenta y, más recientemente, sobre las protestas de 2022 y 2023

Diario Nuevo Sol conversó con el retablista y antropólogo Edilberto Martínez, quien, además de hablarnos de su arte, se refirió a la polémica ley que crea el Colegio Profesional de Artistas del Perú. Dicha ley tendría los días contados, según declaraciones del ministro de Cultura, Alberto Beingolea.

¿Qué significa para usted el retablo?

El retablo, que viene con la Biblia y con la cruz para catequizar, ha estado en pleno desarrollo junto al pueblo. Es un arte hereditario. Mi padre, Florentino Jiménez Toma, fue un gran artista; luego, mis hermanos y yo también llevamos ese arte en la sangre. Para mí, el retablo es como una fotografía, pero la supera.

Además de mostrar lo que ocurre, en el retablo podemos encontrar la tristeza, la alegría, la injusticia y la discriminación, el color de todo lo que vivimos. El color del luto de los familiares, el de la sangre, el del padecimiento o el de la paz que queremos. Todo esto tiene un significado tremendo. Para mí, es un registro que se escribe con el arte.

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Los críticos debaten si el arte debe estar comprometido con los temas sociales y políticos o si debe estar al margen. ¿De qué lado está usted?

Desde el poder y la intelectualidad hay distintos conceptos. Yo soy más realista. Vivo en un pueblo, veo y transmito. Tal cual. Unos me dicen artesano, otros me llaman artista. Unos me han dicho: “contigo terminó el arte”, otros me dicen “tú haces arte protesta, tú eres arte resistencia, eres arte realista”. Yo me callo y los escucho. Son ellos quienes te ponen esos títulos. Lo mío es solamente transmitir. Si existe una injusticia, transmito; si hay una alegría, también transmito.

¿Ha visto cambios en la transmisión del arte de padres a hijos estos últimos años?

Sí, y es una preocupación. La transmisión de generación en generación va decayendo poco a poco. Hay líneas (artísticas) que están en proceso de extinción y otras en proceso de asimilación. Los grandes maestros se van yendo, van feneciendo. Y no hay un presupuesto económico, no hay apoyo hacia el arte por parte del Estado. En nuestras comunidades tenemos grandes artistas, algunos de ellos quechuahablantes. Ayacucho tiene más de cincuenta líneas artesanales; si existiera un presupuesto, podríamos salvarlas.

¿Qué opina de la creación del Colegio Profesional de Artistas del Perú?

Apenas se dio en el Congreso esta Ley 32645 para la colegiatura, nace una campaña de rechazo, incluso por parte de algunos congresistas. Es una ley que se hizo sin consultarle a los artistas o a las organizaciones artísticas, simplemente salió. Preocupa muchísimo porque le otorga al Estado la facultad para controlar y censurar a quien no esté de acuerdo con él.

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Es curioso que debamos tener un título para colegiarnos. Muchos artistas hemos aprendido de generación en generación o de forma autodidacta. El que da al título es el pueblo, ¿no? A mi padre, los pobladores de su tierra le decían “pintor, escultor, imaginero». Ellos le daban ese título.  Si hablamos del arte tradicional o popular, no vamos a encontrar maestros en la universidad.

¿El LUM sigue custodiando su trabajo sobre la violencia política?

Sí, gracias a Carlos Iván Degregori, quien era parte del de la CVR, y a sus recomendaciones. Son piezas únicas que narran los hechos cometidos tanto por los grupos subversivos como por los contrasubversivos. Esos trabajos, que estuvieron asilados en el Instituto de Estudios Peruanos, fueron llevados al Lugar de la Memoria en su primer aniversario y se hizo una muestra. Actualmente, dos obras están expuestas, las demás no.

¿En qué estado se encuentra la relación del pueblo ayacuchano con las fuerzas armadas y policiales?

Después del conflicto armado interno de los años ochenta y hasta la actualidad, no ha habido un mayor acercamiento con el Ejército y la Policía. Esto se ve, por ejemplo, cuando el Ministerio Público realiza exhumaciones y la población piensa en los perpetradores, en quienes les hicieron daño en aquellos tiempos. Ese mismo camino se ha seguido tras las matanzas de 2022 y 2023 con Dina Boluarte.

¿Cómo interpreta que la presidenta Fujimori no haya tenido, hasta ahora, un mensaje claro sobre las muertes ocurridas en las protestas de 2022 y 2023 en el sur del país?

El pueblo sabía quién era Keiko Fujimori y también quién era su padre. Es preocupante que haya un silencio, un camino hacia la impunidad. De alguna manera, es una ofensa para los fallecidos y una negativa a reconocer las graves violaciones a los derechos humanos ocurridas durante esa represión policial y militar.

¿Tiene pensado realizar una nueva exposición incluyendo los retablos que hizo a raíz de las protestas de 2022 y 2023?

Lamentablemente, no estamos aptos para ver este tipo de obras que nacen dentro de un conflicto. No hay una institución o autoridades que permitan mostrarlas, tampoco hay interés. Solo tenemos lugares como la pequeña casa museo de la ANFASEP en Ayacucho que se dio con el apoyo del gobierno alemán. Allí podemos ver algunas piezas, aunque también hubo cuestionamientos y se dijo que no deberían exponerse.

Entrevista publicada en Diario Nuevo Sol el 10 de agosto de 2026

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