Rodríguez Mackay: “Ni a EE. UU. ni a Irán les conviene que la guerra se prolongue”

El excanciller Miguel Ángel Rodríguez Mackay nos ofrece su análisis tras cumplirse un mes de la guerra entre Estados Unidos, Irán e Israel

Escribe: Hector Narvaez

El excanciller Miguel Ángel Rodríguez Mackay nos ofrece su análisis tras cumplirse un mes de la guerra entre Estados Unidos, Irán e Israel

¿Cuál es su balance tras cumplirse un mes de la guerra entre Irán y Estados Unidos?

En la medida en que sigue habiendo respuestas por parte de Irán, se tiene la percepción inexacta de que todavía se mantiene una autoridad pétrea dentro del país. Yo creo lo contrario, Irán está bastante diezmado. Han sido 30 días de ataques que han confirmado el enorme poder de Estados Unidos. Pero, como no hay una victoria completa (el derrocamiento del régimen iraní), entonces este poder no se superpone a la vista de todos.

¿Por qué no se ha acabado el conflicto?

Esta guerra no solo se está definiendo por un tema de poder, sino por un tema estratégico-táctico. Se definirá según quien pueda utilizar mejor los instrumentos de combate. Por eso, Estados Unidos comenzó a atacar espacios neurálgicos de producción, de enriquecimiento de uranio, de trabajo nuclear, militares, etcétera. Ese trabajo se ha conseguido. Sin embargo, la guerra no acaba porque el Estrecho de Ormuz sigue todavía bajo control de Irán.

¿Estados Unidos se impondrá?

No me queda la menor duda de que Estados Unidos va a conseguir la victoria, pero le va a costar un poco más de tiempo del previsto. Esto no significa que la guerra se prolongue 4 años como la de Rusia con Ucrania. El asunto del petróleo vuelve los escenarios de carácter finito. Y tendrán que ser abordados con mucha celeridad. Lo que veo ahora es un Irán debilitado y un Estados Unidos que, teniendo poder, no sabe cómo articular un trabajo de finiquitación para conseguir que el régimen de Irán ya no sea una amenaza para Washington.

¿Qué significa el ingreso de los hutíes al conflicto?

La reacción de los hutíes en Yemen, como la de Hezbolá en Líbano, responde a hipotecas que tienen respecto de Irán, que ha sido su gran mecenas de guerra por mucho tiempo. Hay una cuestión de compromiso ya que el Irán de los ayatolas ha venido suministrándoles apoyo. Sin embargo, Estados Unidos tiene el poder para neutralizar estas fuerzas exógenas. Lo que pasa es que tiene que hacerlo con procesos quirúrgicos en términos militares y eso no es tan fácil.

¿Qué papel juegan China y Rusia en este contexto?

Han decidido mirar la guerra desde una colina, priorizando sus propios asuntos. Para Rusia, el tema central es la guerra con Ucrania, cuyo resultado geopolítico seguramente va a depender de algún tipo de acuerdo o negociación con Estados Unidos. Tampoco veo una China reactiva, ya que no quieren perder su ratio económica en la región. Gran parte del comercio chino se va para Estados Unidos. No es el momento de los enfrentamientos de las grandes potencias, estamos frente a una guerra específica, localizada en un espacio complejo.

¿Qué podemos esperar para los siguientes meses?

Ni a Estados Unidos ni a Irán les conviene que la guerra se prolongue. Lo que está pasando ahora es que hay una suerte de conciencia colectiva de carácter utilitario y de realismo económico. Todos están firmando documentos para proteger el circuito naviero en el Estrecho de Ormuz. El petróleo es la gran vedette de la historia. La solución va a depender mucho de la decisión de Estados Unidos. Y hay otro factor: la dignidad de un pueblo todavía sometido y que quiere la gran liberación de un régimen que se resiste a perder el poder.

Entrevista publicada en Diario Nuevo Sol el 1 de abril de 2026

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