En entrevista con Diario Nuevo Sol, el politólogo Alonso Cárdenas nos ofrece un análisis sobre el crimen organizado y el financiamiento de las campañas de cara a las próximas elecciones
¿Cómo compara el caso peruano con el del resto de la región en cuanto a la relación crimen organizado – política?
Veo un símil bastante grande entre Ecuador y el Perú. No solo por la cercanía geográfica o la afinidad cultural, sino también por el deterioro acelerado y significativo en temas de lucha contra el crimen organizado y seguridad ciudadana. Y hay un factor en común al que creo que no se le ha dado la debida atención: el sistema penitenciario. Ecuador nos enseña que, si un país pierde el control de sus cárceles, pierde el control de la violencia en la calle y la inseguridad ciudadana.
En el Perú, el sistema penitenciario ha sido abandonado a su suerte hace décadas. No solo hay altos niveles de hacinamiento en las cárceles, estas se están convirtiendo en ‘escuelas de posgrado del crimen’. Uno entra como ladrón de fruta y sale como un avezado delincuente. ¿Dónde se planifican los secuestros, los asesinatos y se captan a los sicarios? Básicamente en el sistema penitenciario. Lo que se ve en Ecuador es la expresión máxima de la pérdida de control del Estado sobre él.
¿El Estado tiene capacidad real de fiscalizar el dinero ilegal que se usará en las campañas?
Las economías ilegales giran en torno a la minería ilegal. De ella derivan el sicariato, la extorsión, el cobro de cupos, incluso el narcotráfico, que ha pasado a un segundo lugar. Con los precios internacionales del oro en récords históricos, sin dejar de lado al cobre, la minería ilegal tiene una cantidad de ingente de recursos que necesita lavar. Y mucho de este ‘lavado’ se da a través del sistema de partidos.
El Perú no tiene un sistema de partidos consolidado. El sistema de representación política se vende al mejor postor y, hoy, ese mejor postor es el crimen organizado, el cual tiene toda la intención y el interés de consolidar su presencia y copar al Estado. Esto es muy peligroso. Cuando el Estado es tomado de manera abierta por el crimen organizado, el siguiente paso es el Estado fallido.
Tenemos 64 candidatos con Reinfo vigente. ¿Qué pasará si son elegidos?
Ellos tienen que responder no al elector, porque el Perú ya no tiene una democracia representativa, sino al financiador de la campaña. No solamente hay candidatos que tienen Reinfo, hay candidatos sentenciados por distintos delitos. El actual Congreso ¿responde a los electores? No. Responde a intereses oscuros. Han aprobado lo que se denomina ‘leyes pro crimen’ y ahí están las consecuencias, con los niveles de violencia que hay en el país.
¿Qué opina de la inversión que hacen algunos candidatos en redes sociales? ¿Se pueden rastrear estos gastos?
Nos hemos quedado muy atrás con respecto a países como México, Colombia, Chile, Argentina, donde la profesionalización de las campañas está mucho más consolidada porque tienen un sistema de partidos mínimamente cuajado. Hoy, un porcentaje importante de las elecciones se decide a través de los aparatos tecnológicos.
La inversión que se hace en los espacios virtuales es significativa. Un elemento muy importante es el demográfico. Cada vez hay más gente joven, nativos digitales que toman sus decisiones con el celular. La inteligencia financiera en el Perú, a nivel tecnológico, está todavía muy atrasada. Y los organismos electorales, el JNE y la ONPE, no han dado todavía el salto necesario para poder hacer seguimiento a este tipo de gastos.
¿Cómo podemos identificar campañas o candidatos financiados por dinero oscuro?
Primero, tendrías que ver cuáles son los partidos que actualmente están en el Congreso, el más desprestigiado de América Latina según el Latinobarómetro y probablemente del mundo. Un primer filtro debería ser decir ¿Sabes qué? Por estos no. Como reza la campaña. Y ya después de eso, ver tu afinidad ideológica. Lo que debe marcar el derrotero es preguntarse: ¿Estás con la corrupción y los delincuentes o no?
¿En este escenario, qué podemos esperar para el país en los próximos años?
En base a la evidencia, a lo ocurrido con el coronavirus, tras diez años perdidos, esta elección es probablemente nuestra última oportunidad para enderezar la nave o para terminar de hundirnos y convertirnos en un país fallido como Venezuela, Ecuador o incluso Bolivia. El daño que se le está haciendo al Perú en términos ambientales, sociales, nutricionales, es de tal magnitud que va a ser muy difícil de revertir.
Entrevista publicada en Diario Nuevo Sol el 6 de febrero de 2026

